GUITARRA
 
Contacto

Tributo a la guitarra

a:2:{s:2:"i1";s:72139:"

Apasionado de la música española, Rolando Saad interpreta regularmente las grandes obras del género: el 'Concierto de Aranjuez' y 'Fantasía para un gentilhombre' de Rodrigo, la 'Romanza' de Bacarisse, la 'Sonatina' de Torroba y las versiones para guitarra de 'Carmen' de Bizet y 'El Amor Brujo' de Falla.

Desde hace años, Rolando Saad lleva interpretando por los principales escenarios "La Gran Noche de la Música Española”, un programa que lleva al escenario el corazón mismo de España. Con una música inspirada en la tradición y melodías líricas, el lustroso tono de la guitarra y su energía rítmica capturan los sonidos y el sentir español como ningún otro instrumento es capaz de hacerlo.

La obra estrella del programa es el Concierto de Aranjuez de Joaquín  Rodrigo, la obra fetiche del guitarrista Rolando Saad, quien, con 900  actuaciones, es el guitarrista que más veces la ha interpretado en todo  el mundo. Saad ha actuado para más de dos millones de espectadores en  las principales salas de Europa y con prestigiosas orquestas, entre  ellas la Royal Philharmonic Orchestra de Londres. Su virtuosa ejecución  logra capturar y transmitir al público el espíritu alegre de la obra y  la evocación de los días felices por los parques de Aranjuez, en el más  bello diálogo escrito para la música entre la guitarra y orquesta.

El programa se complementa con la Fantasía para un gentilhombre de Rodrigo, un giro fresco y original a los temas españoles del siglo XVII, la Sonatina para guitarra y orquesta de Federico Moreno Torroba y las versiones para guitarra y orquesta de Carmen de Bizet y del Amor Brujo de Falla.

Pasaporte a la inmortalidad

Conseguir el pasaporte a la inmortalidad, aunque sea con una sola obra, es el sueño que acaricia cualquier compositor. Para Joaquín Rodrigo (Sagunto 1902- Madrid, 1999) el sueño se hizo realidad en 1940, con el estreno del Concierto de Aranjuez, una partitura que rompió celéricamente los límites del mundo clásico alcanzando una popularidad extraordinaria. La obra, un auténtico fenómeno social que ha eclipsado el resto de su producción, posee actualmente más de setenta versiones en el mercado, con unas espectaculares cifras de ventas que la sitúan entre las más vendidas de todos los tiempos. Si el genial Miles Davis demostró en 1959 con el disco Sketches of Spain que la popular partitura de Rodrigo podía transformarse en una absoluta obra maestra del jazz, una curiosa lista de cantantes, desde Richard Anthony a Josep Carreras, llevan décadas poniendo la voz a innumerables arreglos, algunos perpetrados desde la cursilería, el mal gusto y el simple oportunismo.

Todos los guitarristas del siglo tienen en el Concierto de Aranjuez su inevitable tarjeta de presentación, tanto en los auditorios como en los estudios de grabación. Mª Luisa Anido, Regino Sainz de la Maza, Narciso Yepes, Juliam Bream, John Williams, Pepe Romero y un largo etcétera de grandes guitarristas han llevado al disco una o varias versiones de la obra maestra de Rodrigo, y no sólo los guitarristas, ya que en su versión para arpa, la popular obra cuenta con versiones a cargo de Nicanor Zabaleta, Marisa Robles e Isabelle Moretti.


Joaquin Rodrigo

La obra orquestal de Rodrigo se vertebra en una serie de conciertos para diversos instrumentos, con especial protagonismo de la guitarra. Junto al Concierto de Aranjuez destacan la Fantasía para un gentilhombre, Concierto para una fiesta o el Concierto andaluz para cuatro guitarras. Su catálogo incluye deliciosas partituras como el Concierto para piano, varias páginas concertantes para violonchelo, el Concierto Pastoral para flauta y el Concierto serenata para arpa y orquesta. Autor de una exquisita obra vocal, Rodrigo desplegó también su talento en el ámbito orquestal, con logros como Música para un jardín, En busca del más allá, Zarabanda lejana y villancico, Palillos y panderetas, Per la flor del lliri blau y Soleriana.

Nada, sin embargo, puede compararse a los ornamentos del tiempo lento del Concierto de Aranjuez, inspiración musical en estado puro que no logró alcanzar en ninguna de sus otras creaciones. Con Rodrigo se cierra toda una época de la música española, casi un siglo entero, el siglo XX, que se abrió con la inspiración nacionalista de Felip Pedrell, Isaac Albéniz y Enric Granados, de fuerte e inequívoca vocación internacional.

Muchos grandes compositores transitaron ese difícil camino con la mirada puesta en Europa pero sin romper nunca las cadenas con las raíces tradicionales que persisten en la música hispana desde el esplendor del Renacimiento y el Barroco hasta el Romanticismo y el repertorio del siglo XX. Manuel de Falla, Joaquín Turina, Frederic Mompou y tantos otros compositores empeñados en sepultar de una vez por todas el casticismo localista abriendo de par en par las ventanas de la inspiración en el patrimonio musical hispano.

Rodrigo, nacido en Sagunto y formado en Valencia, ciego desde los tres años, siguió también el camino de tantos autores españoles que completaron su formación en París, empapándose de las principales corrientes estéticas y musicales de su época. Entre sus maestros destacan dos nombres, el levantino Eduardo López Chávarri y el francés Paul Dukas, que elogió siempre la inspiración y la personalidad del que fue uno de sus alumnos predilectos.

 



  Salvador Bacarisse

Escrito en su mayor parte en París, el Concierto de Aranjuez, estrenado en Barcelona en 1940 por el guitarrista Regino Sainz de la Maza, a su regreso a España, obtuvo un éxito fulgurante que hizo olvidar otros logros. “Nace a la música nuestro compositor como un nacionalista distinto que desde una total admiración a Manuel de Falla sabe buscar otras salidas”, escribe el compositor y crítico musical Enrique Franco en su artículo "El fin de una época musical", publicado por el diario El País el 7 de julio de 1999, al día siguiente de la muerte de Rodrigo. “Las encontró, principalmente, a partir de sus nuevas y refinadas consideraciones de nuestro pasado de los siglos XV y XVI o del españolismo dieciochesco y cortesano del XVIII en lo que el propio Rodrigo denominó neocasticismo. En realidad la música de Rodrigo es identificable desde los primeros compases. A él mismo le gustaba decir:

“No sé si mi copa es más grande o más pequeña, pero, en todo caso, yo bebo en mi copa”.

Rodrigo, como acertadamente describió Enrique Franco, se convirtió en “un clásico de sí mismo”. Y en ese clasicismo vital la joya de la corona es el Concierto de Aranjuez, tocado por ese lirismo que caracteriza su obra, y también por la alegría vital tras la melancolía que explota en el tercer movimiento. La obra, que se inicia con un primer movimiento de excitante fuerza rítmica y singular belleza melódica, alcanza su estado de gracia en el Adagio, probablemente la melodía más hermosa y penetrante de toda la historia de la guitarra. El propio Rodrigo hacía alusión al “diálogo elegíaco” que establece la guitarra con otros instrumentos solistas de la orquesta, en especial el corno inglés. “Era una evocación de los días felices de nuestra luna de miel”, escribía su mujer, la pianista Victoria Kamhi, “cuando paseábamos por los parques de Aranjuez; era al mismo tiempo una declaración de amor”. Un optimista y alegre espíritu rítmico inunda de nuevo el tercer movimiento, de escritura ágil y precisa en un estilo que evoca una danza cortesana de sabor rococó.

 



 

 

 

La fascinación por la guitarra

Contemporáneos a Rodrigo, Salvador Bacarisse (Madrid, 1898-1963) y Federico Moreno Torroba (Madrid, 1891-1982) compartieron con el primero la fascinación por la guitarra, a la cual homenajearon cada uno desde sus propios estilos y en circunstancias muy diversas: Bacarisse exiliado en París y Moreno Torroba con el beneplácito del régimen franquista.

Pese a una producción tan extensa como notable, las obras de Salvador Bacarisse han tenido poca difusión y son desconocidas para el gran público. Además de compositor, ejerció de crítico musical en la prensa madrileña y desempeñó el cargo de delegado del gobierno en asuntos musicales en Barcelona, organizando algunos conciertos y temporadas de ópera. Sus obras bebieron de fuentes diversas: desde la vanguardia española, el impresionismo y la influencia estética de Cocteau y Los Six de París hasta un romanticismo que siempre estuvo presente en sus composiciones.

Durante la guerra civil española Bacarisse se trasladó, siguiendo al gobierno republicano, a Valencia y luego a Barcelona, y al finalizar la contienda se exilió a París, donde vivió hasta su muerte. Quizá el sentimiento de añoranza a su tierra le impulsó a componer obras de profundas raíces españolas, como la ópera El estudiante de Salamanca, de José de Espronceda, el ballet Tía fingida, de Cervantes, la Fantasía Andaluza para arpa y orquesta, y el Concertino para Guitarra y Orquesta en La Menor, de 1957. La "Romanza" es el segundo de los cuatro movimientos de esta obra genial en la que los rasgos clásicos y románticos se combinan con un profundo sentimiento hispánico, y que recuerda algo al Concierto de Aranjuez de Rodrigo.

 

  Federico Moreno Torroba

Nacido en el seno de una familia de músicos, Federico Moreno Torroba encaminó su dilatada trayectoria musical a la composición de obras sinfónicas, ballets, música coral y vocal y especialmente zarzuelas, de las que fue uno de sus representantes más brillantes. El gran éxito le llegó en 1932 con Luisa Fernanda, una zarzuela que hoy sobrepasa las diez mil representaciones y que goza del aplauso unánime en todo el mundo.

Pero junto con las zarzuelas, la otra gran pasión de Torroba fue la guitarra, a la que dedicó un centenar de composiciones. En ellas da rienda suelta a su inspiración de importantes motivaciones españolas y elabora un lenguaje armónico arriesgado, reflejando su delicada labor de orfebre: Homenaje a la Seguidilla para guitarra y orquesta, obra de amplias proporciones, vivaz en su deseo de alcanzar un colorido y brillo sorprendentes y de gran efecto; Diálogos para guitarra y orquesta, con un tono más intimista; Romántico de Castilla; Fantasía flamenca; Tonada concertante y la Sonatina, una de las obras más encantadoras en toda la historia de este instrumento. En ésta, Moreno Torroba desarrolla un estilo expresivo en el más castizo españolismo, con un lenguaje directo, sencillo y muy atrevido pero a la vez de gran elegancia formal.

Poco antes de su muerte en Madrid, a los 91 años de edad, dedicó y entregó a su amigo e intérprete Andrés Segovia una colección de Seis preludios para guitarra.

El amor al flamenco de Falla

Manuel de Falla (Cádiz, 1876 – Alta Gracia, Argentina, 196) amó íntimamente el cante jondo. Sólo un enamorado del flamenco y la cultura gitana podía crear una maravilla como la gitanería en un acto El Amor Brujo. La música popular impregnó su universo musical, pero no como objeto de cita sino como fuente inagotable de inspiración. El compositor gaditano recreó sus giros melódicos y sus patrones armónicos y rítmicos hasta el punto de inventar una música nueva. Cuando acudía a las citas, en muchas ocasiones, las convertía en felices guiños musicales, como las canciones populares catalanas que utiliza en su descripción sonora del incendio de los Pirineos en Atlántida, la monumental e inconclusa cantata que se convirtió en su canto de cisne, estrenada el 24 de noviembre de 1961 en el Gran Teatre del Liceu bajo la dirección de Eduard Toldrà y con la inolvidable Victoria de los Ángeles en el papel de Reina Pirene.

 Manuel de Falla

El Amor Brujo en la guitarra de Rolando Saad

En el año 2011 Rolando Saad presentó su versión para guitarra y orquesta de El Amor Brujo de Manuel de Falla, lo que significó la consecución de un proyecto con el que el guitarrista soñaba desde niño. “De pequeño ‒recuerda Saad‒ estaba fascinado por tocar esta partitura. Y a medida que estudiaba su obra, entendí que llevarla a la guitarra era algo natural, pues para mí Falla componía sobre la base de dos guitarras, una de acompañamiento y otra llevando la línea melódica y tan es así que sus obras, en general, están escritas en los tonos naturales de este instrumento”.
El poder comunicativo de la música del autor gaditano es tan intenso que él mismo realizó una especie de suite sinfónica de su versión definitiva. Sin embargo, la presentación en versión concierto para guitarra y orquesta es algo realmente novedoso y todo un reto.
Como resultado, El Amor Brujo de Saad es un excepcional arreglo y una personal interpretación que logra capturar todo el espíritu y esencia de la obra de Manuel de Falla y al mismo la dota de una nueva dimensión: la guitarra, recuperando la esencia del flamenco. Este instrumento, con una intensa fuerza rítmica, es a la vez el eje vertebrador entre la larga tradición flamenca y la orquesta sinfónica. Esta versión, que incluye la mayoría de todos los números, entre ellos la archiconocida “Danza ritual del fuego”, las cuerdas de la guitarra suplen la voz y dibujan con gran lirismo esa Andalucía gitana mágica y supersticiosa que imaginó y recreó Falla. Como señaló un crítico, Saad consigue “que su guitarra verdaderamente cante, libre y con personalidad”. 

La magia orquestal de Carmen

La célebre ópera de Georges Bizet (París, 1838 – Bougival, Francia, 1875) es un prodigio de inspiración melódica, fuerza rítmica, y refinamiento orquestal: el retrato psicológico de los personajes, el pulso narrativo y el portentoso sentido dramático del gran compositor francés atrapa al espectador con una fuerza arrolladora. Lejos de la escena, el fascinante poder evocador de la música logra también seducir por completo al oyente en el ámbito del concierto, puesto que Bizet dibuja atmósferas y paisajes con una paleta orquestal exquisita. Aunque en la actualidad no se programan en demasía, las suites de Carmen fueron piezas concertantes habituales en los años cincuenta y sesenta, tanto en los auditorios como en los estudios de grabación, dirigidas con pasión y absoluta convicción por directores de leyenda como Arturo Toscanini, Fritz Reiner, Thomas Beechan y Herbert von Karajan. 

  Georges Bizet

La base de las suites son los cuatro entreactos de la ópera, en los que Bizet despliega un talento orquestal fuera de serie. Son maravillosas piezas de música pura, concisas, evocadoras, tan exquisitas en el trazo fino como en el despliegue de la máxima opulencia sinfónica; música brillante y refinada, en la que seduce de forma especial el diálogo casi camerístico entre los instrumentos de madera. Las suites incorporan, convenientemente adaptadas, arias tan emblemáticas como la "Habanera" que canta Carmen o la "Canción del Toreador" que canta Escamillo. La brillante "marcha de Les Toréadors" o la exultante "Danse Bohème" coronan de forma espectacular las composiciones.

 

";s:2:"i2";s:18069:"

Fascinated by Spanish music, Rolando Saad regularly performs the great works of the genre: 'Concierto de Aranjuez' and 'Fantasía para un gentilhombre' by Rodrigo, 'Romanza' by Bacarisse, 'Sonatina' by Torroba, as well as versions of 'Carmen' by Bizet and 'El Amor Brujo' by Falla for guitar.

For several years, Rolando Saad has been performing The Great Night of Spanish Music, the program that transmits the vibrations of the Spanish heart on the stage. The guitar captures the sounds of Spanish spirit with its brilliant tone and its rhythmic energy as no other instrument, showing the nature of eternal music inspired by tradition and lyrical melodies.

The masterpiece of the program is the Concierto de Aranjuez by Joaquin Rodrigo, the fetish-composition of Rolando Saad, who is the guitarist that has played it more times worldwide, with 900 performances. Rolando Saad performed for more than two million viewers with prestigious orchestras, including the Royal Philharmonic Orchestra in London, in major concert halls of Europe. His virtuoso performance manages to capture the joyful spirit of the musical piece and encourages the audience to imagine the shiny days in the parks of Aranjuez. He turns the composition into the most beautiful music dialogue between guitar and orchestra. 

The program is complemented by the Fantasía para un gentilhombre of Rodrigo, a fresh and original twist  to Spanish themes of the seventeenth century, the Sonatina for guitar and orchestra of Federico Moreno Torroba and versions for guitar and orchestra from Bizet's Carmen and Amor Brujo of Falla. 

A passport to immortality

It is every composer’s dream to achieve a passport to immortality, even if it is by a single piece of work. For Joaquín Rodrigo (Sagunto 1902 – Madrid, 1999) this dream came true in 1940 when Concierto de Aranjuez premiered. This score reached extraordinary popularity and took the classical music world by storm. It became a true social phenomenon which eclipsed the rest of his production and there are now over seventy versions of it in the commercial markets, with sales figures which make it an all-time bestseller. Miles Davis’s genius showed in 1959 that Rodrigo’s score could become an absolute jazz masterpiece in his record Sketches of Spain and over the decades, several singers including Richard Anthony and Josep Carreras have lent their voice to endless arrangements of the piece – some of them prissy, distasteful or simply opportunistic.

All of this century’s guitarists perform the Concierto de Aranjuez as one of their signature pieces both at concert halls and recording studios. Mª Luisa Anido, Regino Sainz de la Maza, Narciso Yepes, Juliam Bream, John Williams, Pepe Romero and a number of other performers have all recorded one or several versions of Rodrigo’s masterpiece. And it is not guitarists; its version for harp has been performed by Nicanor Zabaleta, Marisa Robles and Isabelle Moretti.

 
                      
Joaquin Rodrigo 

 

Rodrigo’s orchestral body of work is structured around a number of concerts for several instruments, amongst which the guitar takes the main role. Along with Concierto de Aranjuez, other remarkable pieces are Fantasía para un gentilhombre, Concierto para una fiesta or Concierto andaluz para cuatro guitarras. His catalogue includes beautiful scores such as Concierto para piano, several concert pages for chelo, the Concierto Pastoral para flauta and the Concierto serenata para arpa y orquesta. Rodrigo also authored exquisit vocal compositions and displayed his talent in the orchestral realm too, with such achievements as Música para un jardín, En busca del más allá, Zarabanda lejana y villancico, Palillos y panderetas, Per la flor del lliri blau and Soleriana.

However, nothing compares to the slow tempo ornaments in Concierto de Aranjuez. It is inspiration in its purest state and none of his other creations achieved the same. Rodrigo ends an era in Spanish music, spanning almost the whole 20th century, which started with the nationalistic inspiration of composers such as Felip Pedrell, Isaac Albéniz and Enric Granados who had a strong and unequivocal international vocation.

Many composers walked that diffcult path with their sights in Europe but without ever breaking away from the traditional roots pervasive in Hispanic music from the splendour of Renaissance, throughout Baroque and Romanticism and present even in the 20th century repertoire. Manuel de Falla, Joaquín Turina, Frederic Mompou and many other Spanish composers were all determined to bury provincial ‘casticismo’ once and for all and welcomed new inspiration for the Hispanic musical heritage.

Rodrigo was born in Sagunto and brought up in Valencia, he was blind since he was 3 years of age and he followed in the steps of so many other Spanish authors that completed their studies in Paris, absorbing the main aesthetic and musical tendencies of their age. Among his teachers, there are two names that stand out, Eduardo López Chávarri from Levante and Frenchman Paul Dukas, who always praised the personality and inspiration of one of his favourite pupils. 

 

Salvador Bacarisse

The Concierto de Aranjuez was mostly composed in Paris and it was first performed in Barcelona by guitarist Regino Sainz de la Maza. It attained immediate success. Composer and music critic Enrique Franco wrote in his article ‘The end of a music era’, published by the newspaper El País on July 7th 1999 (the day after Rodrigo’s death): “Our composer is born as a different nationalist that, while having total admiration for Manuel de Falla, knows how to find alternative ways. He found them mostly in his new and refined revision of our 15th and 17the centuries and the typically Spanish courtesan 18th century, in what Rodrigo himself named neocasticismo. In fact, Rodrigo’s music is easily identifiable from the first compasses. As he himself liked to say:

“I am not sure if my cup is bigger or samller, but in any case, I drink from my cup”.

Rodrigo, as accurately described by Enrique Franco, became a “classic in himself” and within that classicism the crown’s jewel is the Concierto de Aranjuez. It is a piece touched by the lyricism that is characteristic to his work and also by the vitality which follows melancholy, exploding in the third movement. The piece, which opens with a first movement full of rhythmic strength and unique melodic beauty, reaches its state of grace in the Adagio, possibly the most beautiful and penetrating melody in the history of guitar. Rodrigo himself referred to the ‘elegiac dialog’ which the guitar establishes with other soloist instruments in the orchestra. His wife, pianist Victoria Kamhi wrote: “It was an evocation of the happy days of our honeymoon, when we walked through the joyful parks of Aranjuez. It was at the same time a declaration of love”. An optimistic and happy rhythmic spirit takes over the third movement again, with a swift and precise writing style that evokes a courtesan rococo dance.

 

Fascination for the guitar

Contemporary to Joaquín Rodrigo, Federico Moreno Torroba (Madrid, 1891-1982) shared with him a fascination for the guitar, which he paid homage to in his own style and under the approval of the fascist regime.

Despite a remarkable and extensive work that was produced, the compositions of Salvador Bacarisse have had little diffusion and are unknown to the general public. Besides composing music, he worked as a music critic in the Madrid press and served as government delegate in musical matters in Barcelona, organizing concerts and opera seasons. His work drew on a variety of sources: from the Spanish avant-garde, impressionism and the aesthetic influence of Cocteau and Los Six de Paris to romanticism that was always present in his compositions.

During the Spanish civil war Bacarisse moved, following the republican government, to Valencia and then to Barcelona, and at the end of the war was exiled to Paris, where he lived until his death. Perhaps the feeling of homesickness for his land prompted him to create compositions deep with Spanish roots, such as opera El estudiante de Salamanca by José de Espronceda, ballet Tía fingida by Cervantes, la Fantasía Andaluza  for harp and orchestra, and the Concertino for Guitar and Orchestra in a Minor in 1957. La "Romanza" is the second of the four movements of this great work, in which the classical and romantic features combine with a deep Hispanic sentiment, and somewhat remind of Concierto de Aranjuez by Rodrigo. 


Federico Moreno Torroba

Federico Moreno Torroba was born in a family of musicians and he focused his extensive musical trajectory on the composition of symphonic pieces, ballets, coral and vocal music and particularly zarzuelas, a genre of which he was a brilliant representative. He had great success in 1932 with Luisa Fernanda, a zarzuela which has now been performed over ten thousand times and enjoys public acclaim worldwide.

Along with zarzuelas, Torroba’s other great passion was guitar, to which he dedicated over one hundred compositions. In them, he uses a risky harmonic language resembles a goldsmith’s delicate craft: Homenaje a la Seguidilla para guitarra y orquesta, of ample proportions and lively in its wish to reach startling shine and colour to great effect; Diálogos para guitarra y orquesta, with a more intimate tone; Romántico de Castilla; Fantasía flamenca; Tonada concertante and finally la Sonatina, one of the most enchanting works in the history of this instrument. Here, Moreno Torroba develops a style with direct language, simple and bold but simultaneously of great formal elegance.

Shortly before his death in Madrid, aged 91, he dedicated and delivered Seis preludios pra guitarra to his friend Andrés Segovia.

Falla's love for flamenco

Manuel de Falla (Cadiz, 1876 - Alta Gracia, Argentina, 196) profoundly loved flamenco singing. Only a lover of flamenco and gypsy culture could create such a wonderful piece as the gypsy scene in El Amor Brujo. Popular music permeated Falla's musical universe, but not as an objective but as an inexhaustible source of inspiration. Cadiz composer recreated the melodic twists and harmonic and rhythmic patterns to the point of inventing a new music. On many occasions when he went to appointments, he converted his creations into happy musical winks, as for example the Catalan folk songs that he uses in the music of the fire of the Pyrenees in Atlantis, the monumental and unfinished cantata that became his swan song released on November 24, 1961 at the Gran Teatre del Liceu under the direction of Eduard Toldrà and unforgettable Victoria de los Angeles in the role of Queen Piren.

 Manuel de Falla 

El Amor Brujo in the interpretation of Rolando Saad

In 2011 Rolando Saad presented his version El Amor Brujo of Falla for guitar and orchestra. This meant accomplishing a project, with which the guitarist dreamed since his childhood. "As a child,-remembers Saad-, I was fascinated by the possibility of playing this piece. And the more I studied this work, the more I understood that taking it to the guitar interpretation was something natural, because for me Falla composed on the basis of two guitars, one for accompaniment and another carrying the melody line and so much so that the composer´s works, in general, are written in natural tones of this instrument."

The communicative power of music of this Cadiz author is so intense that he himself made a kind of symphonic suite of the final version. However, the presentation of the concert version for guitar and orchestra is something really new and challenging.

As a result, El Amor Brujo in the interpretation of Saad is an exceptional arrangement and a personal interpretation that captures the spirit and essence of the work of Manuel de Falla and also gives it a new dimension: the guitar restoring the essence of flamenco. This instrument, with a strong rhythmic force, is at the same time the backbone between the long flamenco tradition and the symphony orchestra. In this version, which includes most of the scenes, including the well-known "Ritual Fire Dance", the guitar strings supplement voice and draw with great lyricism that magical and superstitious gypsy Andalusia imagined and recreated by Falla. As one critic pointed out, Saad accomplishes that  "his guitar truly sings,  free and with personality."

 

The orchestral magic of Carmen 

The famous opera by Georges Bizet (Paris, 1838 - Bougival, France, 1875) is a marvel of melodic inspiration, rhythmic force, and orchestral refinement. It is a psychological portrait of the characters with narrative pulse where portentous dramatic sense of the great French composer captures the spectator with an overwhelming force. Away from the stage, the fascinating evocative power of music also manages to seduce the listener completely in the sphere of concert, since Bizet draws atmospheres and landscapes with exquisite orchestral palette. Although currently not played too frequently, Carmen suites were common concert pieces in the fifties and sixties. They were played both in the auditoriums and the recording studio, directed with passion and absolute conviction by legendary directors, such as Arturo Toscanini, Fritz Reiner, Thomas Beechan and Herbert von Karajan.

    Georges Bizet   

The base of the suites are the four intermissions of the opera, in which Bizet displays an exceptional orchestral talent. They are wonderful masterpieces of music- pure, concise, evocative, so exquisite in fine strokes and the deployment of the maximum opulence of the symphonic music. It is  a brilliant and refined music, a seductive dialogue between woodwinds. The suites incorporate, conveniently adapted, arias as emblematic as the "Habanera" that Carmen sings  or the "Toreador Song" that Escamillo sings. The brilliant "march of the Toreadors" or exultant "Danse Bohème" culminate the compositions in a  spectacular form.

";}