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Una intensa trayectoria

Vivir tocando

Vitalidad sobre el escenario

Rolando Saad ya se había curtido ofreciendo conciertos de todo tipo tanto en España como en Argentina. Y a partir de 1984, su reputación le precede y empieza a moverse en un circuito mucho más selecto y prestigioso. Durante los tres años siguientes llega a dar cerca de 150 recitales anuales en solitario, lo que es una auténtica barbaridad para cualquier músico. “Pero yo tranquilamente podría haber tocado hasta 300 veces al año y ni siquiera así hubiera tenido bastante”, rememora el artista. En ese momento, tiene el ímpetu de la juventud y la voracidad que le da su pasión. Con 26 años ya había tocado en 40 países y las giras, que siempre son agotadoras, no le cansaban, eran como una inyección de adrenalina. “Yo me sentía abatido al final de la gira. Acabar un viaje era como una pequeña tragedia para mí”.

El escenario no engaña y los espectadores se sienten embargados por aquella poderosa energía que emana el artista (llega a tocar hasta siete bises en una gira por Alemania y el este europeo). Los aplausos se suceden, al igual que los premios y los reconocimientos. Le distinguen con la medalla Chopin de la ciudad de Wroclaw (Polonia, 1985) y el premio Cittá de Milano (Italia, 1987).

Saad simplemente quiere seguir tocando, que las giras duren más, que los conciertos no se acaben, porque nunca tiene suficiente. Y es quizá esa cualidad la que le impide vanagloriarse de lo conseguido y seguir adelante.

“Yo nunca le di importancia, creí que lo que hacía era normal, que en eso consistía ser músico. Pensaba que daba pocos conciertos, pero luego me enteré de que en el mundillo no se podían creer que diera tantos recitales”.





Concierto en la 
Iglesia del Salvador 
de Sevilla, 1996