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Una intensa trayectoria

En busca de la gran maestra: María Luisa Anido

«Era una mujer increíble, con una personalidad fascinante y una interpretación muy sofisticada.»

 

 

 
"Es indudable que el joven guitarrista Rolando Saad posee envidiables facultades de virtuosismo instrumental como dúctil y expresiva musicalidad, que, unidos a una apasionada vocación, lo impulsan hacia un futuro de brillante repercusión artística. Todo este notable conjunto de cualidades permiten suponer que le brindarán las necesarias oportunidades (con conciertos, micrófona, televisión, etc.) para que realice su comunicación con los oyentes, ya que esta parte de su carrera, o sea, la militante, es totalmente vital, tanto artística como moralmente, para todo intérprete."

María Luisa Anido
Barcelona, diciembre de 1980

Desde que tenía 7 años, guiado por Beatriz Leone tenía claro quién podría guiar sus dedos y ayudarle a encontrar su propia manera de interpretar las obras claves de la música española. Se trataba de María Luisa Anido (1907-1996), una de las guitarristas más importantes que ha dado la historia de la música. Alumno y profesora vivían un desencuentro. Las giras, los viajes y los compromisos les alejaban cuando parecía que estaban a punto de encontrarse. Con 19 años, Rolando no quiso esperar más. Paradójicamente, pese a que los dos son argentinos, el encuentro sucedió en Barcelona. María Luisa Anido había abandonado su país en 1976, hastiada por el golpe militar. En 1978 se instaló en la Ciudad Condal. Dos años después, en el 1980, Rolando cruzó el charco en busca de su maestra. “Era simplemente genial, ésa es la palabra que mejor la describe. Fue una mujer increíble, nada fácil, pero con una personalidad fascinante”, recuerda Saad. 

La maestra y guitarrista había sido alumna de Miguel Llobet, de Josena Robledo, de Domingo Prat: es decir, que se había formado con los mejores alumnos de Francisco Tárrega y contaba en su trayectoria exitosas giras por todo el mundo. Rolando Saad estaba a punto de cumplir su sueño y ser depositario de los conocimientos de todos los que, como él, habían amado a la guitarra española y había hecho de ese amor un arte.

Anido no era de esas maestras que imponen su criterio. Una de sus frases preferidas era: “Muy bien, pero, ¿qué tal si lo probamos de otra manera?”. “En verdad, era su manera de decirte que estaba mal, pero no te atacaba, te lo cambiaba todo para que empezaras de nuevo”, explica el guitarrista.

Ella le dio frases y recuerdos que han permanecido en su memoria para siempre. Le contó que el secreto de la naturalidad de sus interpretaciones estaba en que no pensaba en la técnica, sino en la música.

Esta gran maestra se reunía con su alumno tres veces por semana, en sesiones de unas seis horas. Rolando Saad, ávido de saber, interiorizaba sus consejos, sus palabras, su forma de entender la música. Y fue con ella con quien aprendió que la grandeza está en la modestia.

Muchos años después, el alumno y la maestra volvieron a encontrarse. Ella tenía 90 años y se marchitaba en un asilo. Saad la sacó de ahí y al mes tuvo que despedirse para siempre de ella.