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El Concierto de Aranjuez según Rolando Saad

El alma de la guitarra

Rolando Saad en el Teatro de la Zarzuela. Nikolai Koliadko, director.

Apasionado de la música española y de la guitarra, Rolando Saad ha convertido el Concierto de Aranjuez en la obra clave de su repertorio. La ha tocado más de 900 veces en las principales salas de Europa frente a grandes audiencias, pero también en monumentos y edificios históricos, como iglesias, mezquitas, plazas de toros o castillos con una audiencia más recogida. Y sin embargo, a pesar de ello, su interpretación continúa teniendo la misma frescura y sensibilidad que la primera vez que la interpretó.

Una partitura es en primer lugar del propio compositor que la creó. Así, en el magistral Concierto de Aranjuez Joaquín Rodrigo expresaba su amor a la guitarra y evocaba, desde su residencia en París mientras España se resquebrajaba por guerra civil española, los días felices en que paseaba con su mujer durante la luna de miel por el parque de Aranjuez. En el segundo movimiento, el Adagio, el concierto se inunda de tristeza y añoranza, y en él se percibe el pesar del propio compositor, que hacía poco había perdido una hija, que había nacido muerta. “No pudiendo conciliar el sueño”, escribía su esposa, la pianista Victoria Kamhi, “se pasaba largas horas de la noche ante el viejo piano, y desde su habitación escuchaba una melodía llena de tristeza (…) que me causaba verdaderos escalofríos”. Ese fue el origen del Adagio, para algunos la melodía más hermosa de toda la historia de la guitarra.

Pero una música es también de quien la toca. Y así, Rolando Saad consigue capturar toda esa belleza y dibujar su propio “Aranjuez soñador, lírico y arrobado”. Su interpretación en la que aúna une técnica, precisión y sentimiento, y en la que, como señaló un crítico, “saca del alma de la guitarra un sonido particular, fruto de pulsar la cuerda con decisión y seguridad ayudado solo por las yemas de los dedos”. En sus manos, la pieza se convierte en una exaltación de la guitarra, a la que dota de "toda expresión que se puede obtener del instrumento", y consigue hacerla "cantar, estar triste, jugar y hablar”. Rolando Saad explica también que en cada nota vuelca sus propias vivencias y el legado musical adquirido durante su intensa trayectoria, especialmente las enseñanzas de su maestra María Luisa Anido y el de los directores Fuat Mansurov y Guennadi Provatorov.

Finalmente, una obra musical es también del público, que la escucha, la siente y la vive integrándola a sus propias experiencias. Y Rolando Saad es consciente de ello, y desde las primeras notas entabla con el espectador una comunicación llena de fuerza, expresión y sentimiento. Como señaló un crítico, “he escuchado muchas grabaciones del Concierto de Aranjuez”, la pregunta es si he escuchado algo mejor o más lleno de alma.” Cada concierto supone, para cada espectador, una experiencia única y diferente.